Hace apenas unos días se clausuró
en Salamanca el XXXVII Encuentro Nacional de Cofradías, bajo el lema «Testigos
del Amor que nace de tu Cruz». Han sido jornadas intensas de convivencia,
oración, formación y cultura, y de ellas ha salido un documento de conclusiones
que merece mucho más que una lectura rápida. Por eso queremos compartirlo en
este blog y animar a todos los cofrades a leerlo con calma.
Un texto que obliga a mirar
hacia dentro
Las conclusiones no son un
documento protocolario. Son una invitación a hacernos preguntas incómodas pero
necesarias: ¿qué significa hoy ser cofrade?, ¿qué debemos conservar?, ¿qué
debemos transformar?, ¿qué vamos a transmitir a quienes vienen detrás? Tomando
como hilo conductor tres llamadas del Evangelio, «Echad las redes», «Dadles
vosotros de comer» e «Id y haced discípulos», el texto resume la vocación
cofrade en tres palabras: salir, servir y acompañar, siempre con Cristo
en el centro.
Nos parece especialmente
importante que lo allí tratado llegue a mucha gente, no solo a quienes tuvimos
la suerte de estar en Salamanca. Porque el verdadero resultado de un encuentro,
como dice el propio documento, no se mide por el número de participantes ni por
las actividades realizadas, sino por lo que seamos capaces de hacer cuando
volvamos a casa.
Qué hay que hacer… y qué NO
hay que hacer
Las conclusiones dejan claro el
camino:
- Confiar en los jóvenes, formarlos,
escucharlos y darles responsabilidades reales. Son el presente de nuestras
hermandades, no solo su futuro.
- Vivir la caridad como parte de nuestra identidad
cristiana, con una «nueva imaginación» capaz de responder a las
pobrezas de hoy.
- Apostar por la formación, para conocer
nuestra fe y saber dar razón de lo que hacemos.
- Ser coherentes: procesionar significa llevar
al exterior lo que uno lleva dentro, y eso debe continuar en la familia,
en el trabajo y en la vida ciudadana.
- Conservar manteniendo viva la tradición, no
convirtiéndola en pieza de museo.
Pero igual de importante es lo
que NO hay que hacer, y el texto es muy claro:
- NO hablar de fraternidad mientras mantenemos
rencores.
- NO hablar de comunión mientras alimentamos
rivalidades.
- NO permitir que los protagonismos personales
sean más importantes que aquello que nos une.
- NO reducir la cuestión de los jóvenes a cómo
conseguir que permanezcan en nuestras hermandades.
- NO quedarnos en lo exterior: patrimonio,
cultos y procesiones pierden parte de su sentido si nuestra manera de
vivir no refleja lo que celebramos.
- NO vivir encerrados en nosotros mismos: una
cofradía no puede ser un círculo cerrado, tiene que ser una comunidad.
- NO quedarnos en la unidad como «palabra
hermosa»: tiene que convertirse en una tarea.
Ojalá cada cofradía, cada junta
de gobierno y cada cofrade se pregunte con sinceridad qué está haciendo bien y
qué debe corregir. Es un buen examen para hacer, en comunidad, antes de que
llegue la próxima Cuaresma.
Un programa a la altura
Queremos también valorar el
conjunto de actos programados: los cultos, los conciertos, las exposiciones y
las actividades formativas conformaron un programa muy completo y cuidado, que
supo equilibrar la oración, la cultura y el encuentro entre cofrades venidos de
toda España. Nuestra enhorabuena a la organización por el trabajo realizado y
por la acogida que nos dispensó la ciudad.
La procesión: patrimonio y
ejemplo
Mención especial merece la
procesión. Además de conocer de cerca el valioso patrimonio cofrade que
Salamanca atesora, pudimos constatar algo que nos llenó de alegría: la
natural e igualitaria participación de sus cofrades. Hombres y mujeres, por
igual, forman parte activa de sus cofradías, y se nota. No hay esfuerzo ni
gesto de cara a la galería; es sencillamente la forma en que viven su Semana
Santa. Ese es el camino, y una muestra de que la tradición y la igualdad no solo
son compatibles, sino que se enriquecen mutuamente.
Salamanca nos ha dejado un
compromiso que debemos llevarnos a casa. Y nos ha dejado también un deseo que
muchos cofrades compartimos: ojalá Cartagena se anime a organizar un Encuentro
Nacional de Cofradías, algo muy esperado por los cofrades de toda España.
Es cierto que, en breve,
Cartagena dará un primer paso en esa dirección. Este mismo mes, durante el
encuentro de jóvenes cofrades que se celebrará en Zaragoza, nuestra ciudad
optará a organizar el JOCH del próximo año 2027. Es una magnífica noticia, que demuestra
la ilusión y la capacidad de una nueva generación de cofrades cartageneros, y
un ejemplo claro de esa confianza en los jóvenes que tanto reclaman las
conclusiones de Salamanca. Pero no queremos quedarnos ahí. Nuestra Semana
Santa, nuestro patrimonio y la calidez de nuestras gentes tienen mucho que
ofrecer, y un Encuentro Nacional sería una oportunidad extraordinaria para
mostrar lo que somos y para seguir construyendo, juntos, cofradías más
fraternas, formadas, abiertas, caritativas, participativas y unidas.

