martes, 6 de octubre de 2026

Salamanca nos interpela: lo que los cofrades nos llevamos a casa

 

Hace apenas unos días se clausuró en Salamanca el XXXVII Encuentro Nacional de Cofradías, bajo el lema «Testigos del Amor que nace de tu Cruz». Han sido jornadas intensas de convivencia, oración, formación y cultura, y de ellas ha salido un documento de conclusiones que merece mucho más que una lectura rápida. Por eso queremos compartirlo en este blog y animar a todos los cofrades a leerlo con calma.

Un texto que obliga a mirar hacia dentro

Las conclusiones no son un documento protocolario. Son una invitación a hacernos preguntas incómodas pero necesarias: ¿qué significa hoy ser cofrade?, ¿qué debemos conservar?, ¿qué debemos transformar?, ¿qué vamos a transmitir a quienes vienen detrás? Tomando como hilo conductor tres llamadas del Evangelio, «Echad las redes», «Dadles vosotros de comer» e «Id y haced discípulos», el texto resume la vocación cofrade en tres palabras: salir, servir y acompañar, siempre con Cristo en el centro.

Nos parece especialmente importante que lo allí tratado llegue a mucha gente, no solo a quienes tuvimos la suerte de estar en Salamanca. Porque el verdadero resultado de un encuentro, como dice el propio documento, no se mide por el número de participantes ni por las actividades realizadas, sino por lo que seamos capaces de hacer cuando volvamos a casa.

Qué hay que hacer… y qué NO hay que hacer

Las conclusiones dejan claro el camino:

  • Confiar en los jóvenes, formarlos, escucharlos y darles responsabilidades reales. Son el presente de nuestras hermandades, no solo su futuro.
  • Vivir la caridad como parte de nuestra identidad cristiana, con una «nueva imaginación» capaz de responder a las pobrezas de hoy.
  • Apostar por la formación, para conocer nuestra fe y saber dar razón de lo que hacemos.
  • Ser coherentes: procesionar significa llevar al exterior lo que uno lleva dentro, y eso debe continuar en la familia, en el trabajo y en la vida ciudadana.
  • Conservar manteniendo viva la tradición, no convirtiéndola en pieza de museo.

Pero igual de importante es lo que NO hay que hacer, y el texto es muy claro:

  • NO hablar de fraternidad mientras mantenemos rencores.
  • NO hablar de comunión mientras alimentamos rivalidades.
  • NO permitir que los protagonismos personales sean más importantes que aquello que nos une.
  • NO reducir la cuestión de los jóvenes a cómo conseguir que permanezcan en nuestras hermandades.
  • NO quedarnos en lo exterior: patrimonio, cultos y procesiones pierden parte de su sentido si nuestra manera de vivir no refleja lo que celebramos.
  • NO vivir encerrados en nosotros mismos: una cofradía no puede ser un círculo cerrado, tiene que ser una comunidad.
  • NO quedarnos en la unidad como «palabra hermosa»: tiene que convertirse en una tarea.

Ojalá cada cofradía, cada junta de gobierno y cada cofrade se pregunte con sinceridad qué está haciendo bien y qué debe corregir. Es un buen examen para hacer, en comunidad, antes de que llegue la próxima Cuaresma.

Un programa a la altura

Queremos también valorar el conjunto de actos programados: los cultos, los conciertos, las exposiciones y las actividades formativas conformaron un programa muy completo y cuidado, que supo equilibrar la oración, la cultura y el encuentro entre cofrades venidos de toda España. Nuestra enhorabuena a la organización por el trabajo realizado y por la acogida que nos dispensó la ciudad.

La procesión: patrimonio y ejemplo

Mención especial merece la procesión. Además de conocer de cerca el valioso patrimonio cofrade que Salamanca atesora, pudimos constatar algo que nos llenó de alegría: la natural e igualitaria participación de sus cofrades. Hombres y mujeres, por igual, forman parte activa de sus cofradías, y se nota. No hay esfuerzo ni gesto de cara a la galería; es sencillamente la forma en que viven su Semana Santa. Ese es el camino, y una muestra de que la tradición y la igualdad no solo son compatibles, sino que se enriquecen mutuamente.


Y ahora, Cartagena

Salamanca nos ha dejado un compromiso que debemos llevarnos a casa. Y nos ha dejado también un deseo que muchos cofrades compartimos: ojalá Cartagena se anime a organizar un Encuentro Nacional de Cofradías, algo muy esperado por los cofrades de toda España.

Es cierto que, en breve, Cartagena dará un primer paso en esa dirección. Este mismo mes, durante el encuentro de jóvenes cofrades que se celebrará en Zaragoza, nuestra ciudad optará a organizar el JOCH del próximo año 2027. Es una magnífica noticia, que demuestra la ilusión y la capacidad de una nueva generación de cofrades cartageneros, y un ejemplo claro de esa confianza en los jóvenes que tanto reclaman las conclusiones de Salamanca. Pero no queremos quedarnos ahí. Nuestra Semana Santa, nuestro patrimonio y la calidez de nuestras gentes tienen mucho que ofrecer, y un Encuentro Nacional sería una oportunidad extraordinaria para mostrar lo que somos y para seguir construyendo, juntos, cofradías más fraternas, formadas, abiertas, caritativas, participativas y unidas.