Existe una idea muy extendida según la cual el verano representa un tiempo de pausa para las hermandades y cofradías. Sin embargo, quienes vivimos intensamente la realidad cofrade sabemos que nada se detiene cuando concluyen las procesiones. Es precisamente en estos meses cuando se preparan proyectos, se planifican iniciativas, se revisan balances y comienzan a tomar forma muchas de las decisiones que marcarán el futuro de nuestras corporaciones.
Quizá por ello el
verano constituye también un buen momento para detenerse a reflexionar sobre
algunas cuestiones que continúan formando parte del presente de la Semana Santa
española. Entre ellas, una sigue ocupando un lugar especialmente significativo:
la participación plena de la mujer en la vida de nuestras hermandades y
cofradías.
Durante las últimas
décadas el avance ha sido extraordinario. En buena parte de España, la
presencia de la mujer en juntas de gobierno, cuerpos de portapasos, agrupaciones
musicales, equipos de formación o responsabilidades organizativas constituye
hoy una realidad plenamente integrada. Muchas corporaciones han recorrido ese
camino con serenidad, consenso y absoluta normalidad, demostrando que la
igualdad no supone una ruptura con la tradición, sino una manera de
fortalecerla y garantizar su continuidad.
Sin embargo, la
actualidad continúa recordándonos que ese proceso no ha concluido. Los
acontecimientos vividos recientemente en Sagunto han vuelto a poner de manifiesto
que todavía existen mujeres que encuentran obstáculos para participar
plenamente en la vida de la cofradía a la que pertenecen o desean pertenecer.
Detrás de cada reforma estatutaria pendiente, de cada votación o de cada debate
existen personas concretas que desean vivir su fe y expresar su compromiso
cofrade en igualdad de condiciones.
No se trata únicamente
de una cuestión jurídica u organizativa. Es, sobre todo, una cuestión de
dignidad, de pertenencia y de coherencia con los valores humanos y cristianos
que nuestras hermandades proclaman.
El próximo otoño
volverá a reunir algunas de las principales citas del calendario cofrade
nacional. Salamanca acogerá el XXXVII Encuentro Nacional de Cofradías;
Zaragoza celebrará el XIII Encuentro Nacional de Jóvenes de
Hermandades y Cofradías (JOHC); y Cartagena será escenario de la Gala de Entrega del Premio PASOS 2026.
Cada uno de estos
acontecimientos posee una personalidad propia y constituye una magnífica
oportunidad para el encuentro, la formación y el intercambio de experiencias.
Precisamente por ello resulta inevitable preguntarse si la igualdad, siendo uno
de los procesos de transformación más relevantes que vive actualmente el mundo
cofrade, dispone hoy de suficientes espacios específicos para la reflexión
compartida.
La formación, la
evangelización, el patrimonio, la acción social o la participación de los
jóvenes ocupan, con toda justicia, un lugar destacado en estos encuentros
nacionales. Sin embargo, sigue echándose en falta un espacio estable donde
analizar con serenidad cómo están evolucionando nuestras hermandades en materia
de igualdad, compartir experiencias de éxito, conocer procesos desarrollados en
distintas ciudades y favorecer un diálogo constructivo entre realidades muy
diversas.
Hablar de igualdad no
significa abrir nuevos conflictos. Significa compartir soluciones.
Esa ha sido
precisamente la filosofía que inspira al Premio PASOS desde su creación hace
ya veintiún años. Nunca ha pretendido señalar a quienes avanzan más despacio ni
enfrentar modelos distintos de entender la vida cofrade. Su propósito ha sido siempre otro: reconocer trayectorias
ejemplares, visibilizar buenas prácticas y ofrecer referentes que puedan servir
de inspiración al conjunto del mundo cofrade español.
Las cuatro candidaturas
presentadas al Premio PASOS 2026 constituyen un magnífico ejemplo de ello.
Todas ellas han demostrado que es posible avanzar hacia una participación
plenamente igualitaria desde el respeto a la identidad propia de cada
institución, sin renunciar a su historia ni a sus tradiciones. Muy al
contrario, han puesto de manifiesto que la incorporación plena de la mujer
fortalece el patrimonio humano de nuestras corporaciones y contribuye a
asegurar su continuidad.
Quizá haya llegado
también el momento de recuperar otro espacio que en su día resultó
especialmente enriquecedor: un nuevo Congreso Nacional de Mujeres Cofrades. El
celebrado en Barcelona dejó patente la importancia de contar con un foro propio
donde compartir investigaciones, experiencias y proyectos, favoreciendo el
encuentro entre mujeres cofrades procedentes de toda España. Hoy, cuando la
igualdad continúa siendo una realidad diversa según los distintos territorios,
recuperar ese espacio de reflexión parece más necesario que nunca.
El próximo 14 de
noviembre, Cartagena volverá a convertirse en un punto de encuentro para
quienes creen que tradición e igualdad no representan caminos opuestos, sino
dos dimensiones inseparables de una misma realidad. La Gala del Premio PASOS
volverá a recordar que las mejores tradiciones no son aquellas que permanecen
inmóviles, sino las que saben transmitir intacto su espíritu encontrando nuevas
formas de vivirlo en cada generación.
Porque la verdadera
tradición nunca ha consistido en conservar las cosas exactamente igual que
ayer. Ha consistido, siempre, en preservar aquello que les da sentido.
Y pocas cosas
fortalecen más el futuro de nuestras hermandades que permitir que todas las
personas que las aman puedan formar parte plenamente de ellas.
