lunes, 25 de mayo de 2026

León dice “no” a la igualdad: las mujeres seguirán sin poder vestir túnica en Minerva y Veracruz

La votación celebrada este domingo en la Cofradía de Minerva y Veracruz de León deja una profunda sensación de decepción para quienes creemos que la igualdad plena dentro del mundo cofrade no debería seguir siendo objeto de debate en pleno siglo XXI. Finalmente, las mujeres no podrán vestir la túnica procesional.

La propuesta de modificación estatutaria no ha logrado alcanzar la mayoría cualificada necesaria —dos tercios de los votos emitidos— para salir adelante. Aunque la opción favorable obtuvo un importante respaldo dentro de la cofradía, no fue suficiente para superar el elevado umbral exigido para aprobar una reforma de esta trascendencia.

https://www.europapress.es/castilla-y-leon/noticia-cofradia-minerva-veracruz-leon-dice-no-mujeres-puedan-vestir-tunica-procesiones-20260524144136.html




Y aunque respetamos, como no puede ser de otro modo, la legitimidad del procedimiento democrático seguido por la cofradía y la soberanía de sus hermanos para adoptar esta decisión, resulta inevitable expresar nuestra incomprensión ante un resultado que mantiene una diferencia basada exclusivamente en el género.

Porque conviene recordar algo esencial: no se estaba debatiendo una cuestión doctrinal. No se discutía un dogma de fe ni un elemento esencial de la tradición cristiana. Se estaba decidiendo, simplemente, si las mujeres —que ya pertenecen a la cofradía, participan de su vida interna y sienten la misma devoción y el mismo compromiso— podían vestir la misma túnica que los hombres. Y la respuesta ha sido no.

Un problema estructural

Pero este caso no es aislado. En la propia Semana Santa de León continúan existiendo varias cofradías que mantienen restricciones de acceso o participación por razón de género: hermandades exclusivamente masculinas que siguen sin admitir mujeres, y también una cofradía integrada únicamente por mujeres que no permite la incorporación de hombres. Porque la igualdad debe defenderse siempre y para todos.

No tiene sentido seguir vetando el acceso o limitando la participación en una cofradía por cuestión de sexo, sea cual sea el género excluido. Resulta difícil comprender que instituciones fundamentadas en la fraternidad cristiana mantengan todavía barreras que pertenecen más al pasado que a la sociedad actual.

Las mujeres llevan siglos sosteniendo silenciosamente buena parte de la vida cofrade. Han bordado, organizado, trabajado, transmitido la fe y mantenido vivas nuestras tradiciones generación tras generación. Han estado siempre presentes y, sin embargo, todavía hoy, en algunos lugares, continúan encontrando límites que jamás se plantean para los hombres.

Resulta especialmente paradójico que muchas de estas restricciones se mantengan precisamente en un momento histórico en el que las propias cofradías necesitan abrirse, rejuvenecerse y conectar con las nuevas sensibilidades sociales si desean garantizar su futuro. Porque la igualdad no destruye las tradiciones: las fortalece, las hace más justas, más coherentes y más representativas de la sociedad a la que pertenecen.

El papel de la Iglesia y el camino hacia adelante

Y junto a todo ello surge también una reflexión inevitable sobre el papel de la propia Iglesia ante estas situaciones.

Más allá de declaraciones puntuales o llamamientos genéricos al diálogo, se sigue echando en falta una postura más clara, decidida y coherente frente a discriminaciones que difícilmente pueden justificarse desde el mensaje evangélico. La Iglesia habla con frecuencia de dignidad, fraternidad e igualdad de todos los bautizados; sin embargo, en demasiadas ocasiones permite que determinadas situaciones de exclusión continúen amparándose bajo el argumento de la tradición, incluso cuando afectan directamente a derechos básicos de participación dentro de las propias corporaciones religiosas.

La historia de las cofradías nunca ha sido inmóvil. Las hermandades han evolucionado continuamente a lo largo de los siglos: en su organización, en sus normas, en su composición social y en su forma de entender la participación de sus miembros. Negar hoy a las mujeres la posibilidad de vestir túnica no preserva la esencia de una cofradía; lo que preserva es una desigualdad que cada vez resulta más difícil de explicar y de sostener públicamente.

Aun así, este resultado no debe interpretarse como el final del camino. Al contrario. El propio hecho de que este debate haya llegado a votarse ya demuestra que existe una reflexión interna abierta y una sensibilidad creciente dentro del mundo cofrade. Y cuando determinadas preguntas empiezan a formularse de manera colectiva, tarde o temprano las instituciones terminan afrontando los cambios que la sociedad demanda.

Desde la Asociación Mujeres Cofrades de Cartagena seguiremos defendiendo, con serenidad pero también con firmeza, una Semana Santa en la que ninguna persona vea limitada su participación por cuestión de género. Porque ninguna mujer —ni ningún hombre— debería tener que pedir permiso para participar plenamente en una cofradía que también siente como propia.