Un mismo Cristo, dos ciudades y una
misma manera de entender la Semana Santa
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| Cristo de la Humillación, Clemente Cantos y Antonio Garrigós (1927) |
Es lo que
ocurre con el Cristo de la Humillación,
una obra que une de forma invisible a dos instituciones distinguidas con el Premio PASOS: la Cofradía
del Santísimo Cristo del Perdón de Murcia (galardonada en
2023), con sede en la parroquia de San Antolín, y la Reial
i Venerable Congregació de la Puríssima Sang de Nostre Senyor Jesucrist de
Tarragona, distinguida con el Premio PASOS 2026.
Hoy, casi
cien años después, ambas corporaciones aparecen unidas por el recuerdo de una
misma imagen y por un mismo empeño: demostrar que la tradición puede caminar de
la mano de la igualdad.
Un Cristo adelantado a su tiempo
Para
comprender este singular puente devocional hay que viajar hasta 1927. En los talleres murcianos de Los Bellos Oficios de Levante, el escultor Clemente Cantos (Ontur, 1893 – Murcia, 1955)
modeló una de las imágenes más innovadoras y valientes de la imaginería
procesional española. La policromía fue realizada por Antonio
Garrigós Giner (Santomera, 1886 – Madrid, 1966).
La obra
representaba a Jesús cargando la cruz
completamente solo, sin la ayuda del Cirineo. El rostro
aparecía desencajado por el sufrimiento; el cuerpo, vacilante y vencido por el
peso del madero; uno de sus brazos se proyectaba hacia el vacío buscando un
apoyo inexistente. El resultado transmitía una humanidad profundamente
conmovedora.
Aquella escultura
suponía una auténtica ruptura con la imaginería procesional dominante. Cantos y
Garrigós pretendían incorporar a la Semana Santa murciana una concepción
artística moderna, alejándose conscientemente de los modelos barrocos heredados
de Salzillo. Su propuesta apostaba por un lenguaje expresionista que buscaba
conmover al espectador desde el sufrimiento humano de Cristo, una sensibilidad
que todavía resultaba difícil de comprender para buena parte de la sociedad de
finales de los años veinte.
Convencido del valor artístico de la imagen, Antonio Garrigós decidió donarla a la Cofradía del Santísimo Cristo del Perdón para que procesionara en la Semana Santa de Murcia. El estreno tuvo lugar el Lunes Santo, 11 de abril de 1927. Sería su primera y última salida.
El rechazo y el carro de la basura
Aunque la
prensa especializada valoró positivamente la innovación artística de la talla,
la reacción popular fue completamente distinta. El público murciano no entendió
aquella nueva forma de representar a Cristo. A ello contribuyó también un
deficiente sistema de iluminación instalado precipitadamente sobre el paso, que
desfiguraba aún más la expresividad de la escultura.
Lo que hoy se
contempla como una obra adelantada a su tiempo fue objeto de burlas y
comentarios despectivos. La Cofradía decidió retirarla inmediatamente del
desfile y, al día siguiente —Martes Santo—, el Cristo regresó al taller sobre
un carro de la basura, en uno de los episodios más
conocidos de la historia de la imaginería procesional española.
Profundamente
dolido, Garrigós guardó la imagen en un almacén de yeso durante tres años. En
1930, al trasladarse a Barcelona, decidió llevar consigo la escultura para
presentarla en una exposición artística.
Un nuevo hogar en Tarragona
Fue entonces
cuando la historia dio un giro inesperado.
La Reial i Venerable Congregació de la Puríssima Sang de Nostre
Senyor Jesucrist de Tarragona descubrió la obra y comprendió
inmediatamente el extraordinario valor espiritual y artístico que encerraba
aquella imagen incomprendida en Murcia.
La
Congregación decidió adquirirla y el Viernes
Santo, 3 de abril de 1931, el Cristo
de la Humillación recorrió por primera vez las calles de
Tarragona formando parte de la histórica Processó del
Sant Enterrament.
Allí donde
Murcia había visto una imagen extraña, Tarragona encontró una profunda
expresión de la Pasión de Cristo y la incorporó con orgullo a su patrimonio
procesional.
Sin embargo, el destino volvió a ser cruel. El 21 de julio de 1936, durante los episodios iconoclastas que acompañaron el inicio de la Guerra Civil Española, la imagen fue destruida junto a buena parte del patrimonio histórico de la Congregación.
Una memoria que nunca desapareció
Aunque el Cristo original desapareció entre las llamas, su recuerdo nunca se perdió.
Cuando en 1961 el escultor Innocenci Soriano-Montagut realizó la nueva imagen del Cristo de la Humillación, quiso conservar la posición anatómica y buena parte del planteamiento compositivo del desaparecido Cristo de Clemente Cantos. De este modo, la memoria de aquella extraordinaria obra sigue presente, de alguna manera, en la imagen que actualmente procesiona cada Viernes Santo por las calles de Tarragona.
La talla original desapareció. Su espíritu permanece.
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| Cristo de la Humillación, Inocencio Soriano-Montagut Ferré (1961) |
Dos trayectorias que vuelven a encontrarse
Casi un siglo
después de aquel viaje entre Murcia y Tarragona, ambas instituciones vuelven a
encontrarse por un motivo muy distinto.
La Cofradía del Santísimo Cristo del Perdón de Murcia
ha protagonizado durante las últimas décadas una evolución ejemplar hacia la
participación plena de la mujer en la vida cofrade, integrándola con absoluta
normalidad en todos los ámbitos de responsabilidad y representación.
Por su parte,
la Congregació de la Sang de Tarragona ha
desarrollado una profunda renovación institucional que ha culminado con la
incorporación plena de la mujer a todos sus estamentos, tanto procesionales
como de gobierno, convirtiéndose en uno de los grandes referentes nacionales de
igualdad dentro del ámbito cofrade.
Por ello,
ambas instituciones han sido distinguidas con el Premio
PASOS, la primera en 2023
y la segunda en 2026, reconociendo
una trayectoria construida desde el respeto a la tradición y la convicción de
que la igualdad fortalece, y no debilita, el patrimonio cofrade.
El verdadero legado
La historia
del Cristo de la Humillación nos recuerda que las tradiciones nunca han sido
realidades inmóviles.
En 1927 una
obra profundamente innovadora fue rechazada porque parecía demasiado adelantada
a su tiempo.
Apenas cuatro
años después, otra ciudad supo descubrir su belleza y hacerla suya.
Y casi un
siglo más tarde, las dos instituciones que marcaron la biografía de aquella
imagen vuelven a estrecharse la mano gracias a un compromiso compartido con una
Semana Santa más abierta, más inclusiva y más coherente con los valores que
proclama.
Quizá ese sea
el auténtico sentido de la tradición.
No conservar
intacto todo lo recibido, sino saber distinguir aquello que merece permanecer
para seguir construyendo el futuro.
El antiguo
Cristo desapareció en 1936, pero su memoria continúa viva en Tarragona,
inspirando la imagen que hoy procesiona cada Viernes Santo. Y, de algún modo,
también permanece en Murcia, donde comenzó una historia que el tiempo ha
terminado uniendo de nuevo.
Porque las imágenes pueden desaparecer, los valores que representan permanecen.
Referencias
bibliográficas
- Hernández,
Antonio. El Cristo de la Humillación (o de la
Pera) de Tarragona. Investigación documental sobre la historia
de la imagen. Disponible en: http://antoniohernandez.info/lunes/trans/Cristo%20de%20la%20pera/TARRAGONA/index.htm
- Reial i
Venerable Congregació de la Puríssima Sang de Nostre Senyor Jesucrist de
Tarragona. Crist de la Humiliació.
Disponible en: https://lasangtarragona.cat/crist-de-la-humiliacio/
- Melendreras
Gimeno, José Luis
(1999). El escultor Clemente Cantos (1893-1955).
Murgetana, nº 100.
Academia Alfonso X el Sabio.
- Sánchez
Moreno, José
(1953). La imaginería procesional murciana y su
evolución contemporánea. Anales de la Universidad de Murcia.
- Archivo
Histórico de la Reial i Venerable Congregació de la Puríssima Sang de
Nostre Senyor Jesucrist de Tarragona. Inventarios y documentación
sobre la destrucción patrimonial de julio de 1936.
- Asociación
Mujeres Cofrades de Cartagena (2023-2026). Actas de
concesión del Premio PASOS a la Cofradía del Santísimo Cristo
del Perdón de Murcia (2023) y a la Reial i Venerable Congregació de la
Puríssima Sang de Nostre Senyor Jesucrist de Tarragona (2026).

