martes, 30 de junio de 2026

Cuando las mujeres comenzaron a llevar los pasos: una historia de esfuerzo, tradición y futuro


Durante décadas, la imagen de una mujer bajo un paso de Semana Santa fue considerada, en muchos lugares, una posibilidad impensable. No existía una prohibición escrita en la mayoría de los casos; simplemente existía una tradición que, generación tras generación, había reservado esa función a los hombres.

Sin embargo, como tantas otras facetas de la vida cofrade, también la carga de los pasos ha experimentado una profunda evolución en las últimas décadas. Lo ha hecho de forma desigual, con ritmos diferentes según los territorios, pero siempre gracias al compromiso de mujeres y hermandades que entendieron que participar plenamente en la vida cofrade también significaba poder compartir el esfuerzo físico y espiritual de portar un trono o un paso procesional.

Hoy resulta difícil imaginar la Semana Santa española sin la presencia de mujeres portando imágenes en numerosas ciudades. Sin embargo, ese camino ha sido largo y merece ser recordado.

Las primeras pioneras

La historia del costal femenino en España comenzó oficialmente en 1984, cuando la Hermandad del Amor de Córdoba creó la primera cuadrilla íntegramente femenina para portar el paso de la Virgen de la Encarnación. Aquella decisión constituyó un verdadero acontecimiento dentro del mundo cofrade andaluz y abrió una puerta que hasta entonces permanecía cerrada.

Pocos años después, en 1987, otro hecho marcaría un nuevo hito. La Hermandad de la Expiración de Jódar (Jaén) constituyó la primera cuadrilla mixta oficial de España, permitiendo que hombres y mujeres compartieran el mismo esfuerzo bajo un paso. La igualdad dejaba de entenderse únicamente como acceso y comenzaba a convertirse en verdadera participación compartida.

Ese mismo año nacía en Granada la cuadrilla femenina de María Santísima de la Caridad, de la Hermandad de la Sagrada Lanzada, que realizaría su primera estación de penitencia en 1988. Aquella cuadrilla acabaría convirtiéndose en uno de los grandes referentes nacionales de la incorporación de la mujer al mundo del costal.

La expansión continuó rápidamente. En 1988 surgieron nuevas cuadrillas femeninas en lugares como Ceuta o San Roque (Cádiz), demostrando que aquella primera experiencia cordobesa no era una excepción, sino el inicio de una transformación mucho más profunda.

Granada: casi cuarenta años abriendo camino

La reciente concesión del premio Granadinas por la Libertad a la cuadrilla femenina de María Santísima de la Caridad supone un reconocimiento que trasciende ampliamente a una única hermandad.

La distinción reconoce casi cuarenta años de trabajo silencioso, esfuerzo y compromiso de cientos de mujeres que, lejos de buscar protagonismo, demostraron que podían portar un paso con la misma dignidad, preparación y devoción que cualquier cuadrilla masculina.

Aquella experiencia, impulsada inicialmente por Paco Carrasco y continuada posteriormente por Francisco Carrasco, terminó convirtiéndose en un referente para toda Granada. Hoy numerosas hermandades granadinas cuentan con cuadrillas femeninas plenamente consolidadas y la presencia de mujeres bajo los pasos forma parte de la normalidad de su Semana Santa.

El reconocimiento institucional recibido este año constituye, en realidad, un reconocimiento a todas aquellas pioneras que hace casi cuatro décadas decidieron dar un paso adelante.

Cartagena también escribió su propia historia

La evolución vivida en Cartagena presenta características propias que la convierten igualmente en un ejemplo de integración progresiva.

El primer gran hito llegó con la creación del Grupo de Damas Portapasos de la Despedida de Jesús de la Santísima Virgen, perteneciente a la Agrupación del Ósculo de la Cofradía California.

Aquella iniciativa permitió, por primera vez en la ciudad, que un trono fuera portado exclusivamente por mujeres, abriendo un camino que con el paso de los años sería seguido por otras agrupaciones y cofradías.

La experiencia demostró que la incorporación femenina no alteraba la esencia de la tradición cartagenera, sino que la enriquecía, aportando nuevas generaciones de portapasos comprometidas con la Semana Santa.

Años más tarde, Cartagena volvió a convertirse en referente cuando, en 2016, el Trono de la Sentencia de Jesús, también perteneciente a la Cofradía California, realizó por primera vez una salida con carga mixta, convirtiéndose en el primer paso cartagenero portado conjuntamente por hombres y mujeres.

Aquella decisión representó un nuevo avance. No se trataba únicamente de crear espacios específicos para mujeres, sino de compartir plenamente una misma responsabilidad, un mismo esfuerzo y una misma devoción.

Una realidad muy diversa

Hoy la situación en España continúa siendo extraordinariamente diversa.

Existen ciudades donde las cuadrillas femeninas y mixtas forman parte de la absoluta normalidad desde hace décadas.

Otras mantienen exclusivamente cuadrillas masculinas por decisión organizativa, sin que ello suponga una exclusión para las mujeres, que participan en otros pasos o agrupaciones.

Y todavía existen algunas hermandades donde el acceso de la mujer a la carga continúa siendo motivo de debate.

Esta diversidad refleja que la evolución de la Semana Santa nunca ha sido uniforme. Cada ciudad, cada hermandad y cada cofradía ha recorrido su propio camino.

Tradición que evoluciona

La experiencia acumulada durante estos cuarenta años permite extraer una conclusión difícilmente discutible.

Allí donde las mujeres comenzaron a portar pasos no desaparecieron las tradiciones.

No disminuyó la solemnidad.

No se debilitó la identidad de las hermandades.

No se perdió el sentido religioso de las procesiones.

Ocurrió exactamente lo contrario.

Las cuadrillas se renovaron.

Se incorporaron nuevas generaciones.

Se fortaleció la participación.

Y muchas hermandades descubrieron que abrir espacios de igualdad contribuía también a asegurar su continuidad.

La historia de las mujeres portapasos demuestra que la tradición no consiste en conservar inmutable cada práctica heredada, sino en transmitir aquello que verdaderamente le da sentido: la fe compartida, el compromiso, el servicio y la fraternidad.

Quizá por eso, cuando hoy vemos a una mujer bajo un paso en Córdoba, Granada, Cartagena o tantas otras ciudades españolas, ya no contemplamos una excepción.

Contemplamos una realidad plenamente integrada en la vida de nuestras cofradías.

Y esa normalidad constituye, probablemente, el mejor ejemplo de que la igualdad, lejos de debilitar nuestras tradiciones, las fortalece y las prepara para seguir siendo patrimonio vivo de las generaciones futuras.