jueves, 6 de agosto de 2026

¿Tiene hoy la igualdad un espacio para la reflexión en el mundo cofrade?

Existe una idea muy extendida según la cual el verano representa un tiempo de pausa para las hermandades y cofradías. Sin embargo, quienes vivimos intensamente la realidad cofrade sabemos que nada se detiene cuando concluyen las procesiones. Es precisamente en estos meses cuando se preparan proyectos, se planifican iniciativas, se revisan balances y comienzan a tomar forma muchas de las decisiones que marcarán el futuro de nuestras corporaciones.

Quizá por ello el verano constituye también un buen momento para detenerse a reflexionar sobre algunas cuestiones que continúan formando parte del presente de la Semana Santa española. Entre ellas, una sigue ocupando un lugar especialmente significativo: la participación plena de la mujer en la vida de nuestras hermandades y cofradías.

Durante las últimas décadas el avance ha sido extraordinario. En buena parte de España, la presencia de la mujer en juntas de gobierno, cuerpos de portapasos, agrupaciones musicales, equipos de formación o responsabilidades organizativas constituye hoy una realidad plenamente integrada. Muchas corporaciones han recorrido ese camino con serenidad, consenso y absoluta normalidad, demostrando que la igualdad no supone una ruptura con la tradición, sino una manera de fortalecerla y garantizar su continuidad.

Sin embargo, la actualidad continúa recordándonos que ese proceso no ha concluido. Los acontecimientos vividos recientemente en Sagunto han vuelto a poner de manifiesto que todavía existen mujeres que encuentran obstáculos para participar plenamente en la vida de la cofradía a la que pertenecen o desean pertenecer. Detrás de cada reforma estatutaria pendiente, de cada votación o de cada debate existen personas concretas que desean vivir su fe y expresar su compromiso cofrade en igualdad de condiciones.

No se trata únicamente de una cuestión jurídica u organizativa. Es, sobre todo, una cuestión de dignidad, de pertenencia y de coherencia con los valores humanos y cristianos que nuestras hermandades proclaman.

El próximo otoño volverá a reunir algunas de las principales citas del calendario cofrade nacional. Salamanca acogerá el XXXVII Encuentro Nacional de Cofradías; Zaragoza celebrará el XIII Encuentro Nacional de Jóvenes de Hermandades y Cofradías (JOHC); y Cartagena será escenario de la Gala de Entrega del Premio PASOS 2026.

Cada uno de estos acontecimientos posee una personalidad propia y constituye una magnífica oportunidad para el encuentro, la formación y el intercambio de experiencias. Precisamente por ello resulta inevitable preguntarse si la igualdad, siendo uno de los procesos de transformación más relevantes que vive actualmente el mundo cofrade, dispone hoy de suficientes espacios específicos para la reflexión compartida.

La formación, la evangelización, el patrimonio, la acción social o la participación de los jóvenes ocupan, con toda justicia, un lugar destacado en estos encuentros nacionales. Sin embargo, sigue echándose en falta un espacio estable donde analizar con serenidad cómo están evolucionando nuestras hermandades en materia de igualdad, compartir experiencias de éxito, conocer procesos desarrollados en distintas ciudades y favorecer un diálogo constructivo entre realidades muy diversas.

Hablar de igualdad no significa abrir nuevos conflictos. Significa compartir soluciones.

Esa ha sido precisamente la filosofía que inspira al Premio PASOS desde su creación hace ya veintiún años. Nunca ha pretendido señalar a quienes avanzan más despacio ni enfrentar modelos distintos de entender la vida cofrade. Su propósito ha sido siempre otro: reconocer trayectorias ejemplares, visibilizar buenas prácticas y ofrecer referentes que puedan servir de inspiración al conjunto del mundo cofrade español.

Las cuatro candidaturas presentadas al Premio PASOS 2026 constituyen un magnífico ejemplo de ello. Todas ellas han demostrado que es posible avanzar hacia una participación plenamente igualitaria desde el respeto a la identidad propia de cada institución, sin renunciar a su historia ni a sus tradiciones. Muy al contrario, han puesto de manifiesto que la incorporación plena de la mujer fortalece el patrimonio humano de nuestras corporaciones y contribuye a asegurar su continuidad.

Quizá haya llegado también el momento de recuperar otro espacio que en su día resultó especialmente enriquecedor: un nuevo Congreso Nacional de Mujeres Cofrades. El celebrado en Barcelona dejó patente la importancia de contar con un foro propio donde compartir investigaciones, experiencias y proyectos, favoreciendo el encuentro entre mujeres cofrades procedentes de toda España. Hoy, cuando la igualdad continúa siendo una realidad diversa según los distintos territorios, recuperar ese espacio de reflexión parece más necesario que nunca.

El próximo 14 de noviembre, Cartagena volverá a convertirse en un punto de encuentro para quienes creen que tradición e igualdad no representan caminos opuestos, sino dos dimensiones inseparables de una misma realidad. La Gala del Premio PASOS volverá a recordar que las mejores tradiciones no son aquellas que permanecen inmóviles, sino las que saben transmitir intacto su espíritu encontrando nuevas formas de vivirlo en cada generación.

Porque la verdadera tradición nunca ha consistido en conservar las cosas exactamente igual que ayer. Ha consistido, siempre, en preservar aquello que les da sentido.

Y pocas cosas fortalecen más el futuro de nuestras hermandades que permitir que todas las personas que las aman puedan formar parte plenamente de ellas.