La votación convocada para el próximo domingo 24 de mayo por la Cofradía de Minerva y Veracruz de León supone mucho más que una reforma estatutaria. Representa un nuevo paso en un proceso de reflexión que, cada vez con más claridad, atraviesa el ámbito cofrade español: el reconocimiento pleno de la participación de la mujer en igualdad dentro de nuestras hermandades y cofradías.
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La situación que vive esta histórica cofradía leonesa —fundada en
1612— evidencia una realidad que todavía persiste en algunos lugares: mujeres
que forman parte de la corporación, pero que continúan sin poder vestir la
túnica procesional en igualdad de condiciones que los hombres, limitando su
participación a la tradicional figura de la manola.
Resulta especialmente significativo que sea la propia cofradía la
que, desde el diálogo interno y el ejercicio democrático de sus hermanos y
hermanas, haya decidido afrontar esta cuestión mediante una modificación
estatutaria sometida a votación. Un procedimiento serio, transparente y
profundamente respetuoso con la historia de la institución, pero también con la
sensibilidad y la evolución de la sociedad actual.
En la Semana Santa de León capital continúan existiendo otras
cofradías que mantienen restricciones de acceso o participación por razón de
género: tres exclusivamente masculinas —Dulce Nombre de Jesús Nazareno, Nuestro
Señor Jesús de la Redención y Santísimo Cristo de la Expiración y del Silencio—
y una exclusivamente femenina, María del Dulce Nombre.
La existencia, todavía hoy, de corporaciones que continúan vetando
el acceso o la participación plena por cuestión de género evidencia una
realidad difícilmente comprensible en una sociedad que ha avanzado
decididamente hacia la igualdad. Resulta cada vez más complicado justificar que
la pertenencia activa a una hermandad dependa de ser hombre o mujer,
especialmente cuando hablamos de instituciones cuya esencia debe fundamentarse
en la fraternidad, la fe compartida y la acogida.
Del mismo modo que algunas corporaciones han sabido abrir sus
puertas y adaptar sus estatutos con naturalidad y sentido de futuro —como
ocurrió hace años con la Cofradía de la Agonía de Nuestro Señor, inicialmente
femenina y hoy abierta también a los hombres—, muchas otras están llamadas a
afrontar esta reflexión desde el diálogo, la serenidad y la coherencia con el
tiempo que vivimos.
Porque la tradición no puede convertirse en un argumento para
excluir, sino en un legado vivo capaz de integrar y representar a toda la
comunidad cofrade.
Desde la Asociación Mujeres Cofrades de Cartagena contemplamos
este proceso con enorme interés y esperanza.
Esperanza en que la votación permita avanzar hacia una situación
de plena igualdad, en la que las mujeres puedan, por fin, vestir la túnica y
participar en igualdad de derechos y deberes dentro de la cofradía.
Porque la igualdad no supone romper con la tradición. Al
contrario: garantiza su continuidad desde la justicia, la coherencia y la
integración de todas las personas que viven y sienten la fe cofrade.
Las cofradías han sabido adaptarse a lo largo de los siglos a
múltiples cambios históricos y sociales sin perder su esencia. Y hoy, muchas de
ellas están demostrando que tradición y apertura no solo son compatibles, sino
necesarias.
Cada paso que se da en este camino no pertenece únicamente a una
ciudad o a una cofradía concreta. Es un avance que interpela al conjunto del
mundo cofrade y que contribuye a construir una Semana Santa más participativa,
más representativa y más fiel a los valores de fraternidad y dignidad que
inspiran nuestra fe.
Confiamos en que León pueda vivir este domingo una jornada
histórica. Una jornada en la que, finalmente, las mujeres puedan vestir la
túnica que durante siglos han sentido también como propia.
